Marta Marrero. El secreto del éxito


Marta Marrero acaba este 2016 como número uno del WPT junto a su compañera Ale Salazar. Solo les ha faltado la guinda a la fantástica temporada al caer derrotadas en la final del Master Finals de Madrid. Un año en el que han ganado el mundial, jugado 10 finales de 12 torneos, ganando en 8 ocasiones y demostrando la solidez y fortaleza necesaria para liderar un circuito femenino de pádel cada vez más competitivo e igualado, que alcanza cotas de espectacularidad de las que adolecía hace unos años gracias a la aparición de jugadoras con fuerte pegada como las hermanas Alayeto, Alba Galán, Lucía Sainz, Gemma Triay, Victoria Iglesias o la propia Marta.



Quién le iba a decir a ella cuando en 2006 se ve obligada a abandonar el tenis por una lesión, que 10 años después estaría en la cima del pádel profesional. Pero todo este éxito no es fruto de la casualidad sino por su tesón, fuerza y talento. 

Nace en Las Palmas pero su infancia la pasa en la ciudad de Araucas junto a sus dos hermanas y a su hermano. Con 16 años se marcha al Car de San Cugat para mejorar su tenis, ese que la lleva a jugar los cuartos de final en la arcilla de Roland Garros y a estar entre las 50 mejores del ranking WTA. Una carrera se trunca pero poco después se le iba a abrir otra puerta en una disciplina hermana.

    Asentada en Barcelona, una amiga le propone meterse en una pista en 2007 y probar el deporte que causaba y causa furor en este país. Cuentan que no le hizo demasiada gracia pero probando, probando fue asimilando las particularidades del pádel y en 2008 Juan Alday intuyó su potencial en la disciplina y le propuso entrenar con él. En 2011 participa en el circuito catalán y en 2012 debuta en el circuito profesional junta a Eli Durán, llegando a participar en el Mundial que se disputaba ese año en su ciudad de residencia. Acababa de empezar su carrera en el pádel pero, menuda carrera. En 2013 juega con Nela Brito, en 2014 con Cata Tenorio y a partir de 2015 con Ale Salazar. Ambas deciden unirse para alcanzar el éxito y en tan solo dos años han acabado con la que parecía una hegemonía difícil de derrocar. Ale,cuya notable mejora de su condición física le ha permitido desarrollar todo su potencial, dirige el juego y Marta aprovecha sus antecedentes para convertirla en dueña y señora de las alturas y la red. Ambas ponen sobre la pista el espíritu necesario para la competición al más alto nivel y las convierten en el complemento perfecto.



Pero esa actitud que atesora Marta viene de familia. Y es que su padre se ha convertido en su fan número uno. La acompaña en cada torneo que participa y sufre con cada punto (lo corroboro porque tuve la suerte de ver la final del WPT de San Fernando 2015 a su lado, todo un honor). No obstante, es el más crítico con ella pues siempre le recuerda lo dura y corta que es la vida del deportista para que no se duerma, entrene y luche por cada punto. Así mismo, reune a sus hermanos detrás del televisor, desde Japón hasta Cádiz pasando por Las Palmas, para animar a la pequeña de la casa mientras su madre ve a la “niña de sus ojos” divertirse. Una familia como otra cualquiera que disfrutan juntos una vez ha terminado todo.