El vecino más ilustre


En un lugar de Argentina de cuyo nombre no quiero acordarme… y de hecho no hubiese sabido de su existencia si no tuviéramos al vecino más ilustre de Pehuajó, localidad a 365 km de Buenos Aires, en la cúspide del pádel.

Nació en 1979 y se crió como muchos de nosotros jugando al fútbol desde pequeño. Era muy competitivo y un rocoso defensa que no conocía rival con tal de ganar. Con 11 añitos, en 1990, a raíz de que en las instalaciones del Club Atlético Gral. San Martín donde jugaba, construyeran canchas de pádel, descubrió ese otro deporte que tanto furor causó en su país desde que en 1975 se construyera la primera pista en Argentina. Lo probó y pronto se dio cuenta de que el gusanillo le había picado y su veneno le había calado hondo. Durante un tiempo compaginó la pelota de fútbol con la pala alternando los fines de semana pero, pronto se iba a decantar la balanza.



Como la mayoría de las grandes estrellas del deporte que muestran algo especial desde muy pequeños, con 12 años ya tenía convicción suficiente para desafiar y ganar a rivales de mayor edad. No es de extrañar que al año siguiente Roberto Díaz, padre de los Díaz Sangiorgio (Godo y Matías), le propusiera entrenar en su club, en Buenos Aires. Aceptó pero desde tan pequeñito tuvo que aprender a hacer frente a lo que le supone alejarse de los suyos. Circunstancia que le ha marcado durante su carrera pero que le ha servido de acicate y es según mi opinión la clave de su éxito: esa sed insaciable de victoria para honrar a la familia que abandonó para dedicarse a esta profesión.

Debuta como jugador profesional en el año 1995, con 15 años y en 2001 emigra a España donde muestra su potencial. Juan Martin Díaz se fija en él y le propone ser compañeros al año siguiente. El destino le daba la oportunidad de jugar con un genio del pádel que difícilmente se repetirá y con alguien que le podía ayudar a alcanzar el objetivo marcado desde pequeño. Aceptó la oferta y juntos nos brindaron los mejores años del pádel reciente, ya que se mantienen como pareja Nº 1 durante 13 años de forma consecutiva, ostentando el récord de imbatibilidad con 1 año y 9 meses invicto, ganado 22 torneos consecutivos (los 17 disputados del año 2006) y conseguir ganar 170 de 190 finales disputadas, convirtiéndoles en la pareja más laureada de la historia.

No solo llama la atención ese increíble palmarés, o los grandes momentos que quedarán para la historia (la perfecta conjunción entre el mejor ataque y la mejor defensa, las remontadas en partidos que tenían perdidos, la capacidad de superarse y ganar, los clásicos duelos frente a Reca-Nerone, anteriores líderes del ranking, en sus primeros años y frente a Lima-Mieres, eternos aspirantes al “trono"que le dan más mérito a su hazaña), si no también el mero hecho de permanecer juntos tantos años en un deporte donde los egos juegan en contra y se cambia con cierta facilidad de compañero para alcanzar los objetivos, pero su determinación, humildad y versatilidad para adaptarse al "Galleguito” permitió tan duradera unión.

Pero, todo llega y en 2014 acuerdan poner fin a tan prolífica relación dejando el listón muy alto. A partir del 2015 pasa a jugar con un nuevo compañero, Pablo Lima. Junto a él firma una primera campaña espléndida acabando un año más como número 1, dando muestras de ser imbatibles, y demostrando que si se lo propusiera sería capaz de vencer con cualquiera compañero a su lado al ganar junto a Willy Lahoz, jugador con una talento enorme pero de físico mermado por la edad, los dos torneos que se pierde el brasileño por lesión.

En 2016 repiten y la organización de WPT en el transcurso del Open de Zaragoza le ha reconocido esos 15 años consecutivos en la cima del padel. Sin embargo, no tardó en restarse méritos y compartir dichos éxitos con las personas que le han acompañado a lo largo de estos años como número 1 y eso le honra.



Lleno de nostalgia, evoco momentos suyos donde dio muestra de ese carácter y agallas en la pista que tanto le caracteriza no dando una bola por perdida, como las que venían detrás de esa famosa frase de “¡Dale Bela! o más reciente en la final del WPT de Valladolid de 2016, ese punto de break con 5-5 en el segundo set donde devuelve todo corriendo por toda la pista; las veces que no quiso retirarse a pesar de los calambres en una pierna como en esa final donde se pudo ver jugar a un zurdo por momentos en el revés ya que no podía hacer la australiana en su saque o en la mismísima final del WPT de Coruña de este año, o su defensa numantina que convierte meterle un punto en toda una odisea; también ese talento que tiene para jugar siempre la bola donde hay que meterla, de pasar de defensa al ataque con su chiquita o su genial globo, de tener el temple para jugar sin precipitarse en los momentos donde las ansias por ganar hacen que te precipites y falles; o esa convicción que le hace pensar en frío que hay otros mejores que él pero que cuando sale a la pista le hacen ser y sentirse el mejor. Pero si después de 15 años sin bajarse de lo más alto no lo es ¿quien lo es entonces?

Fernando Belasteguín, el vecino más ilustre de PEHUAJÓ, así con letras grandes para que se vea, como él dice.


Gracias a Seba por escribir este magnífico post.