Artículo de recuerdo



En el deporte siempre he querido mejorar y que mejor que aprender de los profesionales. Por desgracia, el pádel, a diferencia del tenis, lo he incluido en mi vida hace poco, además que la convertura televisiva no era la misma que la de su hermano mayor y lo lamento. Cuantas cosas grandes me he perdido. Pero gracias a Internet pude remitirme años atrás y comencé a ver partidos de pádel. Me llamó la atención ver a un tocayo entre los mejores del mundo. Y me propuse seguirlo. Me enteré que junto a su compañero Gaby Reca fueron los rivales a batir, la referencia para las demás parejas, los más grandes hasta la llegada de un tal Juan Martín Díaz y un Fernando Belasteguín que no espoco. He de confesar que en cierto modo me sentía orgulloso por tener el mismo nombre de un número 1.  

A pesar de su palmarés me llamó la atención su actitud en la pista: su espíritu indomable, su entrega, su clase, señorío, caballerosidad y deportividad, que algunas veces echo en falta en el deporte.

Años después separasteis vuestros caminos pero al final volvisteis a uniros. Gracias a esto, me habéis permitido disfrutar de vosotros en directo y no a través de una grabación.

Permitidme que os diga que os faltaba algo que sólo tenéis cuando jugáis juntos: la complicidad que se tiene con una persona que aprecias. Esa amistad es la que te permite un compromiso profundo con tu compañero y eso en la pista se nota. Esa amistad que se refleja en la emoción que, supongo, supuso el anuncio de vuestra nueva separación en cada uno de vosotros, las emoción al final de vuestra última victoria juntos, las lágrimas de vuestro último partido juntos…todo lo que habréis experimentado desde el día que decidisteis romper con vuestra relación laboral. Pero que os quiten lo bailado.

Bueno me despido de vosotros dándoos las gracias por cuanto hemos disfrutado viéndoos jugar, gracias por servirnos de modelo a seguir tanto a otros profesionales como a simples aficionados a este deporte como yo. Gracias por ser como sois.

Mucha suerte.